divendres, 22 de juny de 2012

MARAVILLA SÁEZ: ACELERACIÓN EJEMPLAR

ACCIÓN-RELATO DE AGRADECIMIENTO O ALABANZA DE UNA ACELERACIÓN EJEMPLAR  O QUIZÁS APUNTES PARA UN MANIFIESTO ARTÍSTICO E INCLUSO EXISTENCIAL.

RAPTE D'EUROPA, de l'exposició EX-LIBRIS IMPOSSIBLES, de Maravilla Sáez
Un día, andaba yo en el interior de un siniestro pozo batiéndome contra el Monstruo de la Pena Negra (a la que nuestra propia naturaleza nos condena irremisiblemente) y espantándome los buitres que acudían al olor de mi debilidad, cuando un buen amigo me telefoneó para invitarme a que participara en un festival de "bouetes" en Amposta montando una exposición de esas cosas que yo hago a base de puré de piedra descompuesta por la erosión y fuego (esa técnica que se ha dado en llamar cerámica).


Alegres,libertarios,epicúreos,dicharacheros y transgresores como yo los concebía a los bouetes- tal como lo es mi buen amigo- me apresuré a
imaginar para ellos una especie "de exposición-homenaje de urgencia"que pudiera hacer en el poco tiempo del que disponía.Quería hacer a ese disparatado rebaño de artistas un guiño cómplice en el que la poesía se coronara de cuernos y se vistiera de azul para ser servida sobre paella  y platos en metafórico banquete.

Trabajé ilusionada en plan estajanovista fabricando todos los pequeños monumentos de sala de estar que pude para esos animales de mi galaxia
que intuía amigables, queribles, quizá semejantes. Esta ilusión y el trabajo (que como ya sabemos, nos hará libres) me permitieron escalar el pozo y dejar momentáneamente fuera de combate a mi particular Monstruo acosador. Por lo cual, quiero agradecer-aquí y ahora- a mi buen amigo Javier Caballero Cid, la invitación que me proporcionó el aroma refrescante de la ilusión.

  Antes de seguir adelante y aun cuando peque de reiterativa, quiero dejar constancia clara de que mi intención al aceptar tal invitación, fue la de participar en un amistoso juego colectivo, fabricar pequeñas esculturillas alegóricas que agradaran sin dificultad y que pudieran servir de recordatorio o "souvenir" de tan festiva jornada, para quien así lo quisiera, por el módico precio de unas raciones de una paella humilde. En modo alguno tuve la vana pretensión de revolucionar la Historia del Arte con algo jamás visto.(Lo cual está ya muy visto: es invento del siglo pasado. Para presentar algo rotundamente nuevo tendría que haber dado fin al Capitalismo, a la estupidez o a la maldad humana).Tampoco pretendía seducir a mandarines de la moda, profesionales del mercado artístico o neómanos compulsivos. Mi espíritu indómito está en contra de cualquier dogma y de obscuras e innecesarias jefaturas. Lo que se ha dado en llamar Arte , según mi modesto entender y a estas alturas de su historia, o es un ejercicio sincero de libertad y expresión de la propia individualidad (siempre fatalmente marcada por una u otra influencia histórica) o es esclavitud de monaguillos y sacristanes.

 El programa del festival anunciaba una serie de acciones artísticas, rebautizadas como "aceleraciones", creadas o ejecutadas por diferentes artistas. No así mi trabajosa exposición-homenaje que quedó ninguneada por obra y gracia de alguna incontrolada circunstancia, lo cual no me desanimó a hacer dos viajes a Amposta y someterme de buen grado y con buen humor a los requerimientos generales de los organizadores. Me sorprendió enterarme que en tan amistoso festival había la autoridad de unas figuras llamadas pomposamente: Comisarios (fea palabra de connotaciones históricas nada amistosas). Para combatir mi prejuicio lingüístico, echo mano de mi diccionario.

 Comisario: El que tiene poder de otro para ejecutar alguna orden o entender en algún negocio. Es decir, que es un mero ejecutor de unas
órdenes. ¿Y quién da las órdenes, quién ostenta el poder en este festival que yo creía bastante ácrata?

 De entre todas las "aceleraciones" vividas el 1 de junio hubo una que ciertamente me aceleró el corazón. Una aceleración sin firma y sin
título, como tantas otras en que el artista cansado de juntar formas o colores se ve incapaz de juntar palabras para redondear su obra nombrándola. Esta obra anónima bien podría haberse llamado: Humillación de un Artista o Antihomenaje a un Homenajeador. Y es una obra maestra en su género. No se sabe muy bien su autoría, si es obra coral o individual. Quizás es fruto de un subconsciente colectivo, o del azar que tan caro nos es a John Cage,según tengo entendido, y a mí misma. Posiblemente no es producto de un yo, sino de una o varias circunstancias. ¡Ay, nuestros yoes...! ¡Esos mitos! Suelen ser bien poca cosa ante nuestras inesquivables y poderosas circunstancias...

Lo cierto es que la aceleración quedó redonda. Conseguida plenamente en su concepto y en su forma. Tanto que puede decirse que tiene calidad de
cuento filosófico, de parábola, de arquetipo, que dice Jung. Participando de la estética del absurdo, plantea una curiosa paradoja en este festival de vocación libertaria. Si se piensa bien, su tesis es cabal y oportunamente pedagógica: Porque ¡sí, ciertamente al artista hay que humillarlo! Especialmente al que viene con homenajes que nadie le ha encargado y que ninguna institución le ha subvencionado.

 ¿Qué carajo se cree un artista? ¿Que por que pasa sus horas, que a nadie le importan, haciendo sus cosillas, que ni son comestibles, vamos a
tener que darle una palmadita en la espalda, sonreírle, saludarle o invitarle a una cerveza?

 ¡No, hombre, no!¡Que se vaya a París, como Picasso y si ya ha llegado tarde a Nueva York, a Berlín...o a la Porra! Ahí está la frontera. Aquí,
en nuestra oh-patria, al artista nos lo cargamos, le criticamos y descalificamos despiadadamente, lo ponemos en un rincón, castigado de cara a la pared o a la ventana del patio para ejemplo de nuestros obedientes escolares, y le cuestionamos y boicoteamos sin previo aviso sus tonterías para bajarle sus posibles humos y si es necesario le mentamos a su madre. Si se disgusta, le llamaremos paranoico o resentido. Y si estamos metidos en ambiente: rojo o fascista o cualquier epíteto de nuestro surtido muestrario, y, según como, le fusilamos en un descampado y nos quedamos tan frescos. Es nuestra tradición, nuestra identidad de siglos. Nuestro estilo inconfundible. Aquí sólo respetamos a lo debidamente consagrado, "comisariado" y bien publicitado. La tradición es sagrada ,pues es la ley que mantiene al rebaño muy bien fusionado  contra el que nada puede un mindundi, un donnadie, un pobre individuo sin catalogar y sin marcar con hierro homologado, que pretende ser libre y hace de su individualidad una bandera a golpe de arte.¡ Al artista, que le frían un paraguas, hombre!

Además, en este país de súbditos sumisos, tan necesitados de una educación de ciudadanía, no se sigue la norma del respeto a los demás ni se gastan cortesías para con nadie. ¿Por qué ,pues, habría de hacerse con un artista?

Concluyo felicitando a la aceleración que nos muestra sin tapujos en qué mundo vivimos y expresando mi agradecimiento por todas las descortesías
recibidas que me han permitido gozar de la curiosa sensación de fuerza que asiste al héroe apaleado.


Post Scriptum: Si por casualidad, alguien se sintiere aludido, espero que no se ofenda ni disguste. Todos cometemos errores, consciente o
inconscientemente, y las circunstancias y el famoso subconsciente nos juegan a veces malas pasadas. Afortunadamente contamos con nuestro raciocinio para analizarlos y toda una vida para solventarlos, contribuyendo así a la evolución esperanzadora de la Historia.

MARAVILLA SÁEZ

FOTO: Este trozo recortado de Pangea al que han acudido constantemente hordas de seres humanos de diversas latitudes, escribe y re-escribe sin cesar una historia cambiando los nombres, formando y derrocando imperios, construyendo y deconstruyendo países y estados que hacen variar su mapa. Historia sangrienta, como todas las humanas, escrita en página imantada intentando una unidad que siempre se le escapa.

Europa, doncella frágil y soñadora, seducida por la bestia feroz una y otra vez; culpablemente amancebada, orgullosa, avergonzada, esperanzada, es una princesa de buenos sentimientos con mala conciencia.
Maravilla Sáez